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1. Mira cuándo cambia
Si empeora tras la lluvia, anota el tiempo que tarda en aparecer. Si cambia con el uso de una instalación, indícalo. Si aparece en épocas frías o tras cerrar la vivienda, explica también las condiciones de ventilación. Son indicios, no pruebas definitivas.
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2. Sitúa el patrón en el edificio
Una franja en la base del muro puede relacionarse con humedad del terreno, pero también con una entrada lateral o una instalación. Una mancha junto al techo puede venir de la cubierta, de la fachada o de otro punto. Fotografía la estancia completa además del detalle.
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3. Cuenta qué se ha reparado antes
Pinturas, rejuntados, sellados y tratamientos anteriores ayudan a entender la evolución. Si el daño vuelve, conviene revisar la causa antes de repetir la misma solución. No retires acabados ni subas a una cubierta para preparar la consulta.
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4. Prepara una consulta útil
Envía localidad, fecha aproximada de inicio, una vista general y dos detalles. Añade una imagen del exterior solo si puedes obtenerla de forma segura. No hace falta una fotografía de un medidor: una lectura aislada sobre materiales distintos no permite comparar la humedad de forma fiable.
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5. Elige el siguiente paso
La orientación inicial por fotos ayuda a decidir si procede una visita. Cuando hay varias hipótesis, la inspección y las mediciones permiten contrastarlas y determinar qué falta comprobar antes de presupuestar una reparación.